Esta semana ocurrió un hecho histórico para la República de Chile. Se entregó oficialmente al Presidente Ricardo Lagos el informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. El documento entrega información que deja en evidencia la flagrante violación a los derechos humanos cometida por la DINA y la CNI, los organismos represores de la dictadura militar de Augusto Pinochet que funcionaron implacablemente entre los años 1973 y 1990. El texto no sólo revela las acciones efectuadas por estos entes en sus centros clandestinos de Santiago y provincias, sino también los tormentos aplicados en cada cuartel y regimiento del país, de norte a sur, donde se mantuvo a un gran número de personas detenidas.
Los detalles del informe se darán a conocer en aproximadamente tres semanas más, luego de realizada la cumbre de la APEC, que tendrá lugar en nuestro país a partir del 19 de Noviembre.
Transcurridos casi 15 años de democracia, por fin se puede decir que Chile comienza a conocer su verdad, aquella que se mantuvo oculta por más de un cuarto de siglo y que no pudo revelarse íntegramente cuando Patricio Aylwin dio a conocer el informe "Verdad y Reconciliación" de 1991, ni mucho menos con el establecimiento de la "Mesa de Diálogo" en 1999.
Sin embargo, recién hoy podremos comenzar a conocer los hechos de lo que realmente sucedió a espaldas de los chilenos. Recién ahora podremos saber que el sistemático atropello a la dignidad humana respondió a una política concertada por las autoridades que gobernaron el país por casi 17 años y que impúnemente callaron hasta hoy como si aquí no hubiera pasado nada.
Por eso, es digno mencionar el valor del Comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre, de reconocer que en el pasado diversos miembros de sus filas cometieron faltas que no se ajustan al espíritu de la institución que él encabeza actualmente.
Fue, sin lugar a dudas, una buena estrategia comunicacional, acorde a las revelaciones que se vienen. Cheyre sabía que el mal menor era, finalmente, reconocer los errores cometidos para enfrentar estoicamente el futuro, asumiendo ese oscuro episodio en la historia del Ejército.
En efecto, el alto militar, que sabe emplear el poder de los medios de comunicación para expresar el actual sentir de su institución, ofreció un "mea culpa" que aparentemente sanó muchas heridas. Sin embargo, no fueron del todo afortunadas sus palabras al contextualizar el abuso de los derechos humanos con el periodo de la Guerra Fría... Pero, bueno, la intención es lo que vale y eso, en un país como Chile donde aún la Derecha no pide perdón por haber apoyado un régimen autoritario, es altamente valorable.
Así que ahora estamos a la espera de gestos similares de las demás ramas de las Fuerzas Armadas y de Orden... No estaría mal ¿no? Por lo menos que se animen a esbozar ideas de lo que sienten... Quizás en algún medio de alcance masivo, para que los chilenos podamos comenzar a creer que también pueden arrepentirse.
La verdad siempre sale a luz
viernes, noviembre 12, 2004
Fernando Meza.
14:59
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