Si hay una característica que aún falta por desarrollar en el periodismo es la de tratar de “abrir la cabeza”, generar “nuevos mundos” en las audiencias. No basta con sólo informar y elaborar coyunturales contextos interpretativos en torno a la noticia. No. El papel del periodista va más allá.
La mayoría de las veces el tratamiento de la información se limita a lo meramente objetivo; en otras ocasiones se intenta interpretar un hecho a la luz de los acontecimientos, pero con puntos de vista demasiado sesgados y en absoluto prácticos para la vida cotidiana; y, finalmente, hay un estilo de periodismo que amenaza con seguir extendiendo sus tentáculos: el periodismo “basura”.
Estas tres formas de trabajo no ayudan en nada a mejorar nuestra situación. Y digo “nuestra situación” porque estoy hablando de un problema global, que afecta a la prensa de todo el mundo, salvo honrosas excepciones.
El periodismo es un oficio que aún tiene mucho por desarrollar. Su potencial es infinito y, por lo mismo, se ha desaprovechado dramáticamente. Al comunicar un hecho es necesario situarse imperativamente en la mentalidad del individuo que recibirá el mensaje, para así “seducirlo” y no sólo lograr que sintonice el televisor o compre un diario. Lo que hay que conseguir es una respuesta de su parte. Una acción.
Sin embargo, esta premisa se cumple parcialmente, ya que los periodistas no hemos sido capaces de descubrir las VERDADERAS necesidades del público. Y aquí voy a decir algo que es evidente, que muchos ya lo saben, pero que quiero reforzar en este artículo: las “verdaderas” necesidades que dicen encontrar los medios en la gente se remiten básicamente a la simple entretención, una necesidad importante, no lo dudo, pero completamente intrascendente para efectos superiores.
Está bien, lo reconozco, en la vida hay que distraerse, es sano de vez en cuando “no pensar”. El problema está en que esta necesidad sea actualmente el principal motor de las noticias, sobre todo asumiendo que la real necesidad está en aumentar los puntos de audiencia de un programa de televisión o las ventas de un periódico o una revista.
Cierto, los medios de comunicación deben sobrevivir, y la mejor manera de vender es con contenidos “ligth”, interpretaciones de noticias “al paso” y una abundante oferta de prensa del corazón. Y es que los ejecutivos de los principales conglomerados sostienen que ellos simplemente ofrecen “lo que la gente pide”, lo cual es una gran falacia.
Los medios hacen lo que dicta la “ley del mínimo esfuerzo”, es decir, apelar al morbo con polémicas, sexo y violencia, sin profundizar demasiado en cada tema -para que el público “no se canse”- y así mantenerlo fácilmente cautivo.
Bien hecho para sus bolsillos, sin duda una buena táctica comercial. Pero simultáneamente y sin darnos cuenta nos vamos destruyendo como sociedad, al estar desinformados y perder la oportunidad de abordar otros temas más importantes que puedan ser de utilidad.
Siempre pienso ¿qué pasaría si un canal de televisión tomara la iniciativa y aumentara la cantidad de espacios con contenido que hagan pensar a las personas? Nada, que la televisora de la competencia seguiría con su programación basura mientras el canal que se arriesgó a mejorar su oferta se va a la mierda.
Es un problema difícil de abordar, ¿cómo elevar el contenido de las noticias sin perder audiencia y bajar las ventas? ¿Cómo abandonar esta fórmula barata que proporciona tan buenos dividendos al “negocio”? ¿Cómo sugerir a los medios que se sincronicen entre sí con este objetivo y logren "vender" como hoy, pero con otros temas?
Pues bien, desarrollando un “periodismo disruptivo”. Un periodismo que sea capaz de encontrar las verdaderas necesidades de la gente. Y, si bien la entretención es una de ellas, en ningún caso es la más importante ni ayuda a cambiar el mundo. Por eso, el desafío está en descubrir en qué medida lo que estoy comunicando puede ser de utilidad para el público. En qué medida la noticia que entrego puede ser una fuente de conocimiento que motive a las personas a mejorar su futuro y el de los demás. Y en qué medida esta información puede ser atractiva y cautivante.
En definitiva, la invitación es a desarrollar un periodismo inteligente, crítico y empático, que haga pensar y motive a la acción.
(Este artículo fue previamente publicado en el blog español "Solloína").
Periodismo disruptivo
domingo, marzo 13, 2005
Fernando Meza.
10:08
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Opinión,
Periodismo
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