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La muerte de Pinochet: Y ahora... ¿qué?

lunes, diciembre 11, 2006

Ha muerto Augusto Pinochet y los dos bandos han vuelto a salir a la calle y mostrar sus garras. Partidarios y detractores.

En las afueras de la Escuela Militar miles de personas se han congregado para despedir al ex general, muchas de las cuales han demostrado una lealtad y gratitud con él que supera el fanatismo en niveles casi peligrosos.

Y por otro lado están quienes desde ayer celebran el deceso del ex dictador tomándose las calles, gritando, bailando y bebiendo a destajo.

Sinceramente, creo que ambas actitudes no hablan bien de nosotros.

Agredir a todos quienes no piensen necesariamente como los pinochetistas, con violencia verbal y física, en nada ayuda a lograr la reconciliación.

Mientras que celebrar una muerte no me llena precisamente de orgullo. Por muy asesino y dictador que haya sido el finado, al celebrar su muerte nos estamos rebajando a su mismo nivel. Algo paradójico si tomamos en cuenta que la bandera de lucha de quienes hoy festejan fue siempre la defensa de los derechos humanos y el respeto a la dignidad de las personas.



Sin embargo, es posible entender el sentimiento de los familiares de las víctimas, así como de quienes fueron torturados y exiliados. Pero si queremos avanzar, debemos saber perdonar.

Aunque cueste.

El país que queremos llegará cuando nos reconciliemos de verdad, para lo cual tanto la derecha como la izquierda deben hacer un mea culpa y reconocer sus responsabilidades.

El odio, seamos sinceros, no lo sembró Pinochet. Se sembró desde mucho antes, y ya para 1973 era una realidad. Y luego del Golpe los odios y el resentimiento provocado por el atropello a los derechos humanos se exacerbaron.

Aún queda mucho camino por recorrer, pero está claro que desde ayer hay una piedra menos en el camino...

19:30 | Etiquetas: Opinión, Política |  

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15 comentarios:

Don Chere® dijo...

Puta Feña,
Creo que junto a una que otra cosa que he leído es resensato lo que escribes.

Insisto en la responsabilidad histórica que tenemos ahora los hijos de la dictadura, tu, yo, tantos más de sacar a este país adelante, y hacer crecer a este nuevo Chile..no olvides que los recién nacidos se tuercen fácil.

Buscar la verdad, la justicia, la verdadera reconciliación.

Sólo me llama la atención algo...¿Te das cuenta que los odios mayores vienes de wevones que a lo más recibieron un lumazo por parte de los pacos en algún minuto entre el 73 y el 86?

Los que realmente sufrieron han sido sensatos, se han manifestados contento, aliviados, pero no ha hablado de odio, ni mucho menos han festinado..¿Por qué?

Porque saben lo que es ser víctimas del odio y ser objeto de fiesta. Te lo digo con conocimiento de causa..ese que tu conoces.

Cuídate.-

2:35 AM
Pancha dijo...

Es verdad, no habla bien si nos alegramos pr la muerte de alguien... creo que es más sanador esa liviandad interna al saber que ya una parte imprtante a quedado atrás... un abrazo (me encanta la nueva linea editorial que tienes ahora)

3:47 AM
escrevi dijo...

A mim parece-me que isso da reconciliação começa a ser obsessivo.
A verdade é que a direita, em todo o mundo, se tiver oportunidade, esquece todos os compromissos de reconciliação.
Nós, por cá, temos a história do lobo e do cordeiro que é elucidativa quanto ao papel da esquerda e da direita na sociedade.
E se se está desatento o lobo enterra-nos os dentes no pescoço.
E isto não é verdade só para o Chile, é verdade para todo o Mundo.

Maria
Uma amiga portuguesa

8:18 AM
Mis Nuevos Aires dijo...

Tu sabes mi postura pero encuentro tanta razón en lo que escribes.. dejar las odiosidades de una vez por toda.. asusta ver nuestro país tan dividido.. como bien dices al celebrar con champaña la muerte de alguien es de alguna forma pasar a llevar lo que por tanto tiempo vienen luchando..
Ojalá algun día todos podamos mirarnos a la cara y dr una opinion sin ser atacado por el resto.. por que todos tuvimos una vivencia distinta, un recuerdo diferente y para ambos bandos eso se debe respetar.
Clap Clap para ti

9:09 AM
Carlos Valencia dijo...

Voy a disentir, pero antes digo que tienes toda la razón sobre la agresión a quienes no piensan como uno. Sin embargo, no estoy tan de acuerdo cuando hablas de reconciliación, odios y "el país que queremos". Al contrario, yo creo en la disputa de ideas, en la oposición de posturas, en el conflicto sin violencia. Y no me gusta la palabra reconciliación porque llevamos demasiados años transando cosas por encontrar que, al final, ese concepto es vacío. Transando Justicia, transando juicio histórico, transando memoria colectiva. Al final, no me gusta porque lleva al empate moral.
Saludos
CV

11:19 AM
Marcel Pommiez Aqueveque dijo...

Primero verdad y justicia, luego hablamos de reconciliación...


Un abrazo

11:41 AM
RaFah dijo...

Con la muerte se fue el Pinochet de carne y huesos, pero quedan sus actos y su figura. Por lo tanto, mientras lo suyos digan que la reconciliación pasa por olvidar, y los contrarios insistan en que no habrá perdón sin justicia, no tenemos para cuando. Por más que su muerte provoque el sobreseimiento de los procesos en su contra, queda la familia y la fortuna, la cual debe devolverse por temas de evasión tributaria o será objeto de exigencias de indemnizaciones a los deudos de las víctimas de la dictadura. Queda harto por delante.

12:59 PM
dieciocho dijo...

100% de acuerdo, es refrescante leer a alguien con sentido común en estos tiempos de insensatez.

3:51 PM
Anónimo dijo...

muy buen espacio informativo, felicidades por el trabajo, muera y remuera pinochet, me gustaría saber tu opinión dobre mi blog, se llama la cópula política y creo q es una propuesta interesante para filtrar los mares de información digital:
http://copulapolitica.blogspot.com/
ojala haya oportunidad de que lo visites, saludos desde méxico

4:34 PM
Daniel dijo...

Andamos pensando parecido, jeje. Yo también creo que mientras no exista un mea culpa de la izquierda y derecha, civiles y militares, de quienes llevaron al pais a la situación en que estaba en 1973 y de quienes pasaron a llevar los derechos humanos después amparandose en que debia derrocarse el marxismo y el extremismo, no habrá reconciliación. Y junto con el perdón debe haber, también, justicia.
Saludos

5:58 PM
claudio rodríguez dijo...

Estimado Fernando:
No me alegra la muerte de este individuo. Y no porque me anime un espíritu de nobleza ni aspire a la santidad. Simplemente porque la muerte es un hecho objetivo que a unos les toca primero y a otros después (con eso descubrí la pólvora). Y ahora le tocó al dictador. Lo que sí me molesta bastante es la limpieza de imagen que estoy viendo, a medida que pasan las horas, en los medios de comunicación (hablo de la TV), inspirados, supongo, en una supuesta "objetividad informativa". Hasta ahora nadie ha podido desmentir que el fiambre fue un alumno porro, un milico del montón, un matón de González Videla, un chupamedias de Prat, Allende y hasta de Fidel Castro, un golpista de último minuto y uno de los dictadores más crueles de este lado del mundo. Para que decir su espíritu de gato de campo. Pero como decía el Rey Ricardo Tercero: “Dejemos que las instituciones funcionen”. Ahora, si le atinó a la economía, creo que eso lo podría hacer hecho antes la derecha, cuando fue gobierno con Jorge Alessandri y sin tanto muerto en el camino. Aunque, en mi humilde opinión, este modelito me tiene más arriba del copete… Si por todos estos malos pensamientos hay que pedir perdón, de acuerdo, pido perdón. Aunque no sé para qué crestas sirve…

Atte. Claudio Rodríguez

6:41 PM
Anónimo dijo...

Es cierto que sobrecoge, desde la distancia, ver la división que vive vuestro país. Pero todo esto me ha hecho recordar lo que vivimos en el mío, España, cuando murió Franco.

No sé si los que estaban en uno u otro bando perdonaron a sus adversarios. Lo cierto es que se impuso el sentido común y, con defectos, deficiencias y debilidades, todo el mundo estuvo de acuerdo en que había que caminar por una sola ruta por el bien de todos. Las carreteras son anchas y cada uno puede situarse en la derecha, centro, izquierda, en cabeza o a la cola pero sabiendo que el destino es común para todos.

Estoy absolutamente de acuerdo con todo lo que has escrito, Fernando, pero también sería deseable que se impartiera justicia sin acritud y sin resentimiento.

Deseo sinceramente que vuestro bello país y estupenda gente, que he conocido hace apenas dos semanas, encuentre su camino e inicie un vuelo tan alto como el de los cóndores que surcan los Andes.

Y que de aquí a muy poquito tiempo pase como en españa que sólo celebran una muerte los terroristas.

Sofía

10:24 PM
~º Ale º~ dijo...

Estoy tan de acuerdo en lo que dices...creo que ya lo escribí antes...reconozco los asesinatos y las injusticias, pero no puedo celebrar su muerte, quizás porque no he sido victima directa de tanto dolor, no lo sé, pero realmente siento escalofríos al ver la "gratitud" de sus adherentes, asi como también ver los festejos de sus opositores...yo no puedo.

Sólo espero que sean los últimos vestigios de una sociedad dividida. Estoy de acuerdo con Marcel, aún necesitamos verdad y justicia, pero ya es hora de avanzar, de tomar las riendas para construir el Chile que queremos porque la democracia volvió hace rato y con ella las responsabilidades de cada uno de nosotros.

Saludos y un abrazo

2:34 AM
Sergio I. Gajardo Ugás dijo...

Sería fácil caer en lugares comunes e intentar hacer apologías desde uno u otro bando.
Sería inútil tomar partido, añorando todo tiempo pasado o haciendo leña del árbol caído.
Sería impropio y de mal gusto celebrar cuando una familia sufre, o callar de impotencia cuando otras atravesaron también por el dolor hace ya treinta años.

Sería falto de tino enaltecer en demasía a un ser como nosotros, polvo del polvo, tierra de la tierra, frágil como TODOS: humano, defectible, lleno de luces y de sombras.

Sería poco feliz llenarnos la boca de encendidos discursos, y tratar de explicar, como jóvenes apasionados que fuimos (o que somos) apenas una parte de lo sucedido: Intentar atrapar lo inasible, o explicar paradójicamente lo inexplicable: el silencio.
Vislumbrar apenas aquello que no vemos, aquello que no vivimos en carne propia, o aquello que interpretamos desde nuestro prisma desajustado: esa eterna pieza de puzzle que siempre habrá de faltar.

Mientras las pantallas del mundo entero se disputan la noticia, mientras los diarios del planeta cambian a la carrera sus portadas e imaginan cuantos ejemplares más podrán vender, mientras Chile vuelve a estar por un par de días en boca de todos…un hombre yace en silencio, en un profundo silencio.

Es un silencio ininteligible, un silencio lleno de eternidad.

Mientras eso sucede, algún oportunista tratará de vestirse de nuevo el traje de líder fiel que llevaba “in ilo tempore”.

Su oponente, a su vez, tratará de reverdecer sus escarapelas de guerrillero, azuzando a las huestes de plaza Italia con una desabrida botella de champán en la mano y una arenga anacrónica en los labios. Unos y otros se llenarán la boca de pomposas palabras. Pero sabemos que los ríos más profundos son siempre los más silenciosos.Mientras ellos gritan, mientras la verborrea se impone y los insultos se suceden, mientras se exacerba la tensión y las ya casi olvidadas diferencias vuelven a polarizarnos…un hombre descansa en silencio, en un profundo silencio.

Un silencio que se transforma en el espacio donde las cosas pueden ser reinterpretadas. Un silencio que es desafío y llamada al mismo tiempo. Una invitación sutil y velada a la espera, al recogimiento, a la apertura, a lo eterno.Ciertamente esa quietud deja atrás y supera la banalización de lo perenne, la farandulización en vivo del dolor, y nos invita a postergar la discusión valórica, política e ideológica, para un momento mejor: el momento apropiado, cuando estemos ya todos sentados a la mesa, cuando los ánimos se calmen y el tibio pan amasado de mano en mano sean el signo de la comunión recobrada entre hermanos.

Un hombre yace en medio de todos en silencio, en un profundo silencio.Los pobres, los niños, los ancianos conocen muy bien ese lenguaje.Entonces callemos.Dejemos que ese silencio nos hable.Dejemos que el silencio nos cuente a cada uno su propia historia: una historia que no termina en esta tierra…una historia que es un “disparo a la eternidad”.

“Sabemos que los ríos más profundos son siempre los más silenciosos.Mientras ellos gritan, mientras la verborrea se impone y los insultos se suceden, mientras se exacerba la tensión y las ya casi olvidadazas diferencias vuelven a polarizarnos… un hombre descansa en silencio, en un profundo silencio.Un silencio que se transforma en el espacio donde las cosas pueden ser reinterpretadas. Un silencio que es desafío y llamada al mismo tiempo”.

Eduardo Cuevas Rosselot
(*)Psicólogo PUC, Pdte. Fundación por un Hombre Nuevo

1:40 PM
Anónimo dijo...

No me acongoja ni me da alegria la muerte del dictador, asesino y ladron Augusto Pinochet Ugarte. Se marcho con las manos llenas de sangre de sus propios hermanos de patria, y me apena, debo de reconocer, que no haya sido ajusticiado y muerto como Saddam Hussein.

6:35 PM

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