Volvemos con las entrevistas en Periodismo Global.
En esta ocasión he querido entrevistar a una mujer que se autodenomina como un “pequeño animal literario que puede llegar a convertirse en monstruo”. Así que prepárense… Su nombre: Laura García, lectora compulsiva y escritora apasionada, autora del blog “El Club de Artes y Letras”. Ella es colombiana, pero desde hace tres años vive en Chile. Tan sólo tiene 21 años, pero pareciera que hubiera vivido muchos más al juzgar por sus asertivos puntos de vista.
Esta entrevista fue publicada originalmente en la Agrupación Chilena de Blogs, de donde he seleccionado los siguientes párrafos:
"La experiencia y la lectura
a veces propician la soberbia"
¿Cuál es tu visión de Chile y los chilenos?
No son los “jaguares de Latinoamérica”. Decididamente tampoco son los “ingleses de Latinoamérica”. Pero son el país que maneja mayor expectativa de estabilidad. Pienso que Chile es un país hermoso, con una geografía fabulosa, y los chilenos son en términos generales excelentes personas. Sin embargo, en alguna parte deben tener un “gen nazi”, porque son excesivamente nacionalistas, pueden llegar a ser ofensivos con el extranjero y son, un poco, xenofóbicos. Pero como extranjero, se comprende que eres tú el invasor y ellos tienen todo el derecho del mundo a la réplica, lo que explica y hasta justifica, en parte, alguna falta de aceptación a los extranjeros.
Sé que a ti te gusta leer. Y mucho. Así que, como vives en Chile, me gustaría saber cuáles son tus autores chilenos preferidos…
Chile tiene excelentes autores, partiendo por Pablo Neruda, a quien fue el primero que leí, hace muchos años ya. Pero debido a su ensalzamiento han sido ensombrecidas figuras muy importantes, al igual que él de la poesía chilena, a las cuales hago justicia personal. Son autores únicos en su género: Pablo De Rokha y Vicente Huidobro, dos ejemplos claros.
Sin embargo, el autor que más me ha impresionado y conmovido de todos, es Roberto Bolaño. Sus libros son verdaderas obras maestras. “La literatura nazi en América”, “Putas Asesinas”, “Líneas Telefónicas”, las más conocidas y reconocidas como “Los Detectives Salvajes” o “2666”, que son absolutos despliegues de genialidad, de un inquieto y apasionado trabajo literario. Excelente. Tanto como Bolaño, me ha sorprendido Rodrigo Lira, irreverente, puntudo, ácido, violento. Arrobador. El fantástico Oscar Hahn, él sabe explicar mejor que cualquiera por qué un escritor escribe.
¿Qué tipo de literatura te gusta y cuáles son tus géneros favoritos?
En general, no tengo una línea de lectura definida. Leo ficción, no ficción, narrativa, ensayo, crónica, artículos, poesía, de todo, sin asco, pero muy selectiva. Me es más fácil decir lo que tuve que leer, para descubrir lo que no me gusta leer. Ni niños magos de seis y siete episodios, escritos bajos los “efectos” especiales. Ni alquimistas que recorren el mundo en busca de lo que ni ellos mismos saben. Ni códigos extraídos de los cuadros de Da Vinci. Ni esa ciencia ficción barata que tiene un robot que se llama “Arturito”, etc.
Mmmm… En mi opinión, considero que los escritores son muy soberbios a la hora de emitir sus juicios y opiniones. ¿Qué me dices al respecto?
Estoy de acuerdo. Slavoj Zizek es un completo soberbio, pero ¿sabes quién es Slavoj Zizek? Uno de los pensadores más agudos y frontales del último tiempo. Filósofo y sociólogo. Le acepto la soberbia de sus juicios, por el sólo deleite de leer sus argumentos firmes y demoledores. Si quieren comprobarlo, léanse “Nobody has to be vile”, está en “The London Review of Books”. Puedes no estar de acuerdo, pero no puedes evitar admirar su fuerza de justificación. Saramago también es soberbio. García Márquez es soberbio. Pero ellos son quienes son. Un escritor a veces tiene cierto desplante para emitir sus juicios porque se avala a sí mismo por el peso de sus argumentos, de sus estudios, de su intelectualidad adquirida a través de la observación de la sociedad, del estudio de la historia, de la política y, por supuesto y fundamental, de sus vivencias personales.
También juega un papel importante el ejercicio del pensamiento. El pensamiento es cómo un músculo y los intelectuales y los artistas en general, son (¿somos? ¿puedo incluirme?), deportistas que desarrollamos diariamente la gimnasia de pensar, para que no se atrofie nuestro músculo estrella. En todo caso, al final es el lector el que tiene en sus manos el factor “imparcialidad”. El lector decide si analiza objetivamente lo propuesto por el autor, o si se queda con el sentimiento encontrado de la soberbia y la cierta “pesadez”. Yo, por ejemplo, encuentro que no hay alguien más soberbio que Alberto Fuguet para argumentar. Pienso que es muy “creído”, pero no por eso desconozco que muchos de sus argumentos me llegan y que su calidad literaria es muy buena. Su soberbia no me impide verlo objetivamente.
Creo que la experiencia y la lectura, a veces, propician la soberbia. Y creo que los “Jesucristos”, esos que van arrastrando humildad, no existen ya. Somos humanos a pesar de todo.
Eres bastante joven, sólo tienes 21 años, y me estás hablando de experiencia, la que considero se produce no sólo con lecturas sino también con la vida misma…
Creo que la experiencia es fundamental y que los considerados intelectuales son todos, generalmente, también considerados “viejos”. Sé que mis propuestas y juicios a esta edad serán mucho más maduros y afinados a los 40, pero no voy a esperar 19 años para opinar y debatir. Soy bien concienzuda de lo que digo a esta edad, aprovecho mi experiencia, aunque poquita, pero experiencia igual, y hago uso de mis lecturas para completar lo que me falta en experiencia, para definir mis posiciones, mi pensamiento, mi visión. Total, si lo echo a perder, me sirve para aprender. “El que no arriesga un huevo, no saca un pollo”.
Hablemos de blogs. ¿Cuál es tu visión de la blogósfera chilena?
Como todo en esta vida, hay de lo bueno, de lo muy bueno, de lo malo y de lo pésimo. Los blogs muy buenos, son aquellos que se preocupan, que se esfuerzan por generar posts de calidad. Periodismo Global, El mundo sigue ahí, Ciudad Kaos, son ejemplos clarísimos de lo que digo. Los blogs rematadamente malos, a mi parecer, son aquellos que no se preocupan por un mínimo de respecto al lector, los que usan improperios, garabatos, mala ortografía y esos artículos que parecen madejas que no pueden desenredarse. Esos del tipo “me salió una espinilla” o “me dejó mi novio”. Pero se respetan, por supuesto. Todo es válido. Sin variedad, todo sería muy aburrido. Nada se censura, nada se desecha. Si no me gusta, si no te gusta, no lo leas, y allí es cuando la libertad de expresión cobra vida.
¿Cómo encuentras la cultura en Chile?
Puede que no sea sólo en Chile, pero acá, específicamente a la televisión, le falta algo fundamental: C-U-L-T-U-R-A. Variedad. Esfuerzo. Alguien, o un grupo decididamente, que se preocupe de balancear el cuento, porque es más que ordinario el panorama. ¿Ejemplos? Bueno, échale una mirada a SQP, a Mira quien habla, a las teleseries, a los matinales. Perdón, ¿cuántas horas de basura ya he mencionado? Calculadora, por favor.
Mira, me siento como el tacho de la basura, en donde la tele me vierte sus desperdicios. Favor cerrar la tapa antes de que la basura entre. Es más sano.
¿Ejemplos de idiotez en la tele? Claro. ¿Qué diablos me importa Pamela Díaz? Ok. Si no me gusta, no la veo a ella y sus programitas. Sencillo. Pero… no voy a dejar de opinar. ¿Por qué carajos la inflan tanto? ¿Fiera?, o más bien ¿Ordinaria? ¿Un burro al que le entienden lo que rebuzna? Por ahí va la cosa. La tienen ensalzadita. Y ese es un ejemplo claro de que la TV no sólo está farandulizada, sino que es impúdica, es un cuerpo que vende ilusiones de placer al mejor postor. O mejor, un prostíbulo barato. Y los que en ella trabajan son prostitutas baratas que se venden al diablo por un precio que habría asustado al mismísimo Fausto. Y como esos problemas rayan directamente con el tema económico y la plata manda, los auspicios, los dividendos jugosos, en fin. Imposible plantear soluciones. Seguiremos igual no más. Todavía queda la esperanza de que se vea menos tele y se lea más. O que por lo menos la Internet atraiga culturalmente a la gente.
Un dato importante: los “Ingleses de Latinoamérica” no tienen un canal como la BBC, un suplemento como el The London Review of Books, o el Times Review of Books, por mencionar unos pocos. Y por cierto, estarán muy lejos de lograrlo a este paso.
A tu juicio, ¿cuáles son los principales problemas de Latinoamérica?
Latinoamérica es una tierra herida profundamente, hundida. Y no es pesimismo. Es verdad. Pero alguien lo dijo antes mucho mejor que yo, y con argumentos tan potentes que todavía deliro con ello. Me refiero a Eduardo Galeano y su libro “Las Venas Abiertas de América Latina”, publicado por primera vez en 1971, y casi endemoniadamente vigente. En ese libro, que leí por primera vez a los catorce años y que me lo regaló, directamente, mi mejor amor platónico, me encontré con la realidad latinoamericana descrita, investigada y sustentada magistralmente. Según Galeano, los latinoamericanos nos especializamos tempranamente en perder, en ser sirvientes y aprendimos a cambiar cada cierto tiempo de amo y de forma de dominación. Esa es sólo una de las ideas demoledoras que el libro dispara sin compasión.
Ese es nuestro problema. Nos hundimos la cabeza. El sueño bolivariano pudo haberse hecho realidad, pero fuimos y seremos unos tristes “vendidos”. ¿Quieres un ejemplo? Hacia 1871, más o menos, y durante casi un siglo, Paraguay, un país cercado geográficamente, fue capaz de surgir con independencia económica. Era el más avanzado de América del Sur, el más estable y soberano. Envidia colectiva de sus vecinos. La única experiencia exitosa de desarrollo independiente. Y Paraguay, en palabras de Galeano, es el ejemplo vivo de la consecuencia de la guerra de exterminio más infame y cruel que ha experimentado América Latina. La guerra de la Triple Alianza, donde se coludieron Brasil, Argentina y Uruguay, claro que ellos por sí solos y juntos no valían un peso, así que -firmemente financiados por el Banco de Londres- destruyeron Paraguay. Para 1971, ya no quedaba rastro de ese Paraguay de futuro floreciente. Sus propios vecinos, sirvientes de un amo (Londres), lo hundieron. Piensa que si Paraguay hubiese seguido como iba, habría podido contagiar, un poco aunque sea, el virus del progreso. “Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado” (página 256 del libro que mencioné). Después de esta guerra carnicera, ya no hubo ni un sólo viso de progreso decente e independiente.
Eso le pasa a Latinoamérica. ¿Solución? Desaparezcamos y volvamos a nacer. Sería más práctico y limpio. ¿No es posible? Entonces démonos por bien servidos si somos concientes de nuestra elementalidad.
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