Comenzó la propaganda electoral. Todo lo que representa cada candidato, carisma, discurso y recursos, virtudes y defectos, se reflejan en sus respectivas propuestas.
Marco Enríquez-Ominami, por su parte, logra transmitir entusiasmo y frescura a través del humor, un discurso bien hilvanado y, ¡milagro!, se entiende lo que el díscolo diputado dice. La propaganda de MEO cumple las expectativas... Aunque la canción es débil. En todo caso, punto para Marco.
Es el turno de Piñera y... sí, se notan las lucas. En todo caso, está bien que así sea. Si hay dinero hay que emplearlo para realizar una buena campaña. Y la propaganda del candidato conservador está buena, en cuanto a factura técnica, ritmo y mensaje. Sin embargo, escuchar a Piñera a veces es como escuchar a Hitler. Mucho grito y dureza. Poder, autoritarismo y masas.
Por último, la propaganda de Frei, la peor. Es como la Teletón. Es tan fome como el candidato. Y el candidato de la nariz prominente brilla por su ausencia, apareciendo recién en el último tramo de su franja. Y cuando lo hace, ¡no dice nada! Sólo frases hechas. Por eso, mucho ojo, si la Concertación no reacciona, no pasan a segunda vuelta.
En conclusión: Me quedo con la propaganda de MEO. Arrate amable, cercano, pero anacrónico. Piñera se nota que puso plata y le copia a Obama. Y Frei, mal.
A ver si con el transcurso de los días el panorama cambia.

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